© 2011 proknil. All rights reserved. proknil_atardecer_dunas

Marruecos, reflexivos silencios

Nos despertamos en Zagora. Desayunamos apartando los variados insectos de los dulces y salimos a dar una vuelta con la intención de comprar una bombilla que se nos había fundido. En principio tarea fácil, hasta que se nos adherió un paisano e insistió en acompañarnos allá por donde nos movíamos. En cuanto vimos el momento le dejamos de lado y decidimos subirnos al coche para comenzar la ruta.

Afrontamos el día solos, aunque por la noche nos reuniríamos de nuevo con el resto del grupo. Al poco de salir, pasamos por un pueblo muy pequeño, pero con un par de talleres a la vista, en los que pudimos parar para comprar la bombilla. Una estupenda atención que hizo que se nos olvidara la sensación que nos transmitió el personaje de Zagora.

De camino a Er Foud, que era nuestro destino, paramos cada poco para disfrutar de los bellos paisajes, descubrir nuevos palmerales y calles que atravesaban por pequeñas poblaciones casi mimetizadas con el color del entorno. Nos llamó mucho la atención ver a grupos de hombres sentados bajo la sombra de los árboles, frente a las mujeres que andaban de aquí para allá transportando material que parecía bastante pesado, encargándose de la familia e incluso las dos cosas a la vez.

Nos desviamos de nuestro rumbo para volver a Merzouga y disfrutar otro día más del desierto por un nuevo sendero, una carretera totalmente desértica, de arena gris con unas tímidas rodaduras que asomaban cada pocos metros para avisarnos de que íbamos por el camino correcto. En poco tiempo nos pusimos a los pies de las dunas del Erg Chebbi que se veían a lo lejos. Nos bajamos del coche y andamos enterrando nuestros pies hasta subir a una duna bastante alta, sentarnos y disfrutar de las vistas. Estuvimos callados. El tiempo se detuvo.

Bajamos poco a poco siguiendo las huellas de lo que después vimos que eran escarabajos y enlazamos con otras huellas de un escurridizo lagarto en busca de la sombra de un arbusto. Las siguientes huellas eran las de nuestro coche, habíamos llegado y debíamos continuar.

Unos kilómetros antes de llegar nos paró la policía por, según sus radares, haber sobrepasado el límite de velocidad. Creemos que nos querían decir algo como que se podía solucionar de una forma rápida o algo por el estilo… pero un ciclista despistado rozó a uno de los policías con la bici y tal “ofensa”, dada la reacción del policía, hizo que nos dejaran continuar tal cual habíamos parado, que suerte!

Al llegar al hotel, nos esperaba una grata sorpresa: una suite de dos plantas, yacuzzi, dátiles, frutos secos, una botella de champagne sumergida en hielos, dos camas inmensas, terraza para ver el atardecer sobre las lunas del desierto… ¿y el motivo? Las chinches del hotel de hacía dos noches. Al final el director consiguió recompensarnos, algo que dábamos por perdido y que sin duda agradecemos. Esa noche dormimos profundamente.

 

Publicar un Comentario

Tu email nunca será publicado o compartido. Los campos requeridos están marcados con un *

*
*

Puedes usar estas etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>