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Marruecos, armonía entre olores y colores

Menos mal que la noche anterior habíamos dormido perfectamente, este día nos esperaban 600km de carretera hasta llegar a Kenitra. En el grupo había otro coche que estaba interesado en ver la ciudad de Fes y planificamos el día juntos.

Empezamos la ruta con una temperatura de 36ºC y durante el camino bajamos hasta 3ºC pasando por sol, lluvia y nieve. Vimos  una cantidad exagerada de accidentes y nos hizo permanecer más atentos a nuestra conducción. El que más nos impresionó fue un camión completamente doblado y empotrado contra un quitamiedos a punto de despeñarse por un barranco. Poco después, bajando un puerto tuvimos un susto en una curva que no suponía ninguna complicación: el coche deslizó por la parte trasera haciendo un extraño que nos puso en alerta e hizo que estuviésemos aun más atentos.

La lluvia nos acompañó hasta Ifrane, también conocida como la Suiza Marroquí. Me sorprendió los pronunciados tejados de las casas, mas propios de ciudades del norte de Europa. Paramos a comer y sólo con dar un paseo y echar un vistazo comprobamos que el nivel de vida era muchísimo mas elevado de lo que habíamos visto hasta el momento, una sensación muy rara, quizá todo demasiado artificial.

Casi sin haber saboreado la comida, salimos hacia Fez, una de las principales ciudades de Marruecos. Decidimos aparcar a las afueras y adentrarnos a pata. Encontramos a un guía que no debería llevarse muy bien con los oficiales y nos llevó por un ruta alternativa. Fue espectacular, paseamos por un mercadillo, vimos cómo trabajaban los artesanos el cedro, la piel, los preparativos para las bodas, subimos a un mirador desde el cual se veía la ciudad con un manto de antenas parabólicas en los tejados… todo impresionante. Durante todo el paseo no vimos a ningún occidental incluso el guía por momentos se alejó rápidamente sin muchas explicaciones. También fuimos a ver las curtidurías de piel con las coloridas cubas y las pieles secando en las fachadas y los suelos.

Después de una visita exprés por Fez, nos dirigimos a Kenitra donde nos reunimos de nuevo con el resto del grupo para cenar. El hotel se puede decir que casi era un hotel-club, llamaba la atención ver a familias que llegaban para hospedarse y  justo por detrás pasar señoritas de compañía de camino al bar del hotel.

Esa noche nos acostamos enseguida, debíamos madrugar mucho para llegar a Tanger y coger el ferry a tiempo, ya que no teníamos reservados los billetes y no nos queríamos tirar todo el día en la frontera después del cansancio acumulado.

 

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